miércoles, 15 de julio de 2009

Un día más con vida

Pero de la buena. La lástima es no tener dinero para poder campar a las anchas de una, en una nueva ciudad. Y es que tu madre no te escucha, por mucho que tenga razón, cuando le dices que la cuenta corriente va que vuela no por tu culpa, sino por obligaciones externas y necesarias: la sociabilización, o como se escriba, porque ya me da igual.

Cuando se llega a un lugar nuevo, hay que sociabilizarse, sentirse querido, conocer a gente. Y para llegar a buen puerto en estos términos no basta con pasear por Las Canteras ni con quedarse bajo la luz de una farola a escuchar cómo rompen las olas. Que también. Porque nunca sabes con qué machoman con pelotero de los que pasean por la playa te puedes topar. Dios me libre.

¿Sabeis que la marea sube cada 6 horas?


Cervecitas continuas, comidas con compañeros de trabajo, sonrisas forzadas, atención constante a mi alrededor, mas cerveza, más gente. No se me pasa una. Cinco horas de sueño máximo diario, no os digo más. Un martirio. Y un derroche de dinero casi a la fuerza.

Así, no dejo de explicarle a mi madre que la situación me desborda, que se me va el dinero como si tuviera vida propia. Pero que no es por mi culpa, que son las circunstancias de ser nueva, de que todo esté por conocer, y las relaciones por forjar. Porque con la gente recién conocida no tienes la confianza para decir con sinceridad que estás enganchada a Stieg Larsson y que lo único que te apetece es sumergirte en las aventuras de Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist, ya sea bajo la luz de una farola o en la bendita cama. Que quién la pillara. Ni birras ni machosman en pelotero.

La pena es que si aún no son amigos no sabes decir que no.
Y ya me veo yo que hoy volveré a dormir menos de cinco horas...

martes, 7 de julio de 2009

Huevona



Aprovecho la ilustración de The Guardian, de la que se hace eco la edición digital de hoy de El País, para retomar este espacio que tenía un pelín olvidado como consecuencia de mis días de becaria en el Cabildo grancanario.

Y es que cuánto echo de menos un poquito de literatura (¿?) en mis textos. Tanta nota de prensa, tanta mecánica en las estructura sintácticas. Desde hoy vuelvo con vosotros, siempre que el tiempo me lo permita, claro.

Día 7 de julio. Son las 19:52, las 18:52 en Canarias.

El ritmo de vida aquí no tiene nada que ver. La pachorra, la calma y el poco estrés que se respira recuerda al letargo en el que se sumían los africanos que describía Kapuscinski en Ébano, e invita a dar un respiro a las ansiedades propias de la ciudad condal.

Los canarios son unos huevones, en el buen sentido, y en el malo. O eso dicen ellos. Porque yo de momento sólo he comprobado el bueno.
Sobre todo entre semana intento mantenerme al tanto de todo, y creo que la mayoría del tiempo lo consigo (nótese que ya sé en qué isla me encuentro y a qué cabildo y a qué provicia pertenece, con todo el jaleo que eso conlleva, ¡Dios!), pero pese a mis esfuerzos sigo deshinchándome cual globo de helio; sigo durmiéndome por las esquinas a causa de la relajación que llego a adquirir en esta isla.

¿Me estaré convirtiendo en una huevona? O mejor dicho, ¿es posible llegar a ser más huevona de lo que siempre fui?


jueves, 25 de junio de 2009

martes, 23 de junio de 2009

Otra política exterior estadounidense es posible

La principal razón por la que surgió la gran ola antiestadounidense en el mundo árabe-musulmán fue por el respaldo incondicional de Estados Unidos en la política expansionista de Israel. Hace un par de años, antes de que Barack Obama llegara a la Casa Blanca, todas las encuestas confirmaban que la parcialidad de Washington en el conflicto palestino, junto con sus intervenciones militares en Afganistán e Iraq, habían sido las razones clave en la extendida falta de credibilidad a la Administración Bush.

En la Guerra del Ramadán de 1973, cuando los hebreos se enfrentaban a Egipto y Siria, Estados Unidos acudió al rescate de Israel y le concedió 2.200 millones de dólares en ayuda militar ante el peligro que tenía Israel de perder la guerra después de que los sirios tomaran los altos del Golán. Entonces, dicha intervención estadounidense provocó un enfado generalizado en el mundo árabe que desencadenó un embargo petrolero por parte de la OPEP, conocido como la Crisis del Petróleo de 1973. En aquel momento, Washington mostraba el soporte vital que proporcionaba al pueblo judío.

Desde la creación del Estado Israelí en 1948, la Casa Blanca ha proclamado en numerosas ocasiones que las colonias establecidas por Israel en los territorios ocupados conformaban “obstáculos para la paz”. No obstante, esta posición de influencia moderadora en el conflicto árabe-israelí choca, para muchos analistas, con la financiación de Israel para el desarrollo armamentístico del mismo.

De forma oficial, el Washington de George Bush no respaldó la ocupación e instó a un Estado palestino viable. Por otro lado, dicho gobierno se mantuvo callado mientras se construía la barrera de seguridad de Cisjordania, así como mientras sellaban Gaza y bombardeaban Líbano.

Con la llegada de Barack Hussein Obama, el primer presidente estadounidense negro y con antecedentes musulmanes, la política exterior de Washington ha dado un giro substancial pasando del unilateralismo de la era Bush al entendimiento y la cooperación entre Oriente y Occidente que propone Obama. Prueba de ello es el discurso que pronunció éste el pasado 4 de junio en El Cairo, en el que tendía la mano a los países musulmanes alabando su cultura y expresando la importancia del Islam en el desarrollo de la civilización. Obama habló tanto del sufrimiento judío del Holocausto como de la coexistencia de dos estados, el Israel y el Palestino, como necesidad para alcanzar la paz en Oriente Medio.

Como respuesta a las esperanzadoras palabras de Obama en la capital egipcia, el primer ministro israelí, Benjamin Netanhayu, declaraba el 14 de junio que se mostraba abierto a que ambos estados coexistieran siempre y cuando el palestino estuviera “totalmente desmilitarizado” y Jerusalén fuera únicamente israelí. Parece, pues, que tanto el pueblo palestino como el israelí tendrán que esperar a que estos atisbos de acuerdo tomen forma y se conviertan, finalmente, en la ansiada paz.

domingo, 21 de junio de 2009


Martin Parr en el Diario de Mallorca


Por si tengo algún lector freaky de Parr, que sé de alguno, aquí podéis leer algo más de él.

Enseguida descubriréis que es un grande.

sábado, 20 de junio de 2009


"Viaja con Nosotros" en La Vanguardia

El proyecto de fotografía que llevo a cabo con varios compañeros de la Escola GrisArt ha salido hoy sábado 20 de junio en el suplemento de La Vanguardia. No sabemos cómo ha llegado hasta ahí, pero lo importante es que está.


"Viaje virtual

Unos estudiantes de fotografía han construido la web de Viaja con Nosotros (viajaconnosotros.wordpress. com), donde uno se descarga una foto de sus caras y luego se toma un retrato en aquellos lugares del mundo que visite. La experiencia invita a todo tipo de refl exiones, entre las cuales cómo conseguir pasar de la experiencia virtual a la real."
Martin Parr



Ayer estuve en la rueda de prensa y en la posterior conferencia en Palma de Mallorca de Martin Parr, un inglés muy inglés que ha revolucionado los parámetros de lo que es la buena fotografía. Nada tienen que ver las imágenes de ocio, consumo, turismo y comunicación de Parr con aquellas composiciones impecables de Cartier Bresson. Pero tienen algo nuevo. Son ambiguas, juguetonas y, sobre todo, muy críticas.

Una mujer comiéndose compulsivamente una hamburguesa, un grupo de veraneantes coreanos fotografiándose en el Acrópolis de Atenas, un montón de donuts de color rosa, souvenirs, playas cubiertas... En sus imágenes te verás reflejado. Y sentirás pudor, incluso te podrán parecer exageradas y desagradables. Pero así somos. Todos somos turistas en algún momento, todos somos predecibles en según qué situaciones, todos seguimos unos patrones de comportamiento. Todo esto visto desde fuera puede resultar hilarante. Y lo es. Por eso Parr, al más estilo inglés, ha ido documentando desde los 70 todas estas realidades llenas de clichés por desgracia cada vez más homogéneos.